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Archive for 26 octubre 2006

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Por lo menos 12,3 millones de personas son sujetos a alguna forma de trabajos forzados. Mientras tanto los que los explotan tienen $44,000 millones de dólares en ganancias, rivalizando el desempeño con las compañías del petróleo del mundo. Estas estimaciones vienen de un estudio innovador realizado por la Organización Internacional de Partido Laborista (ILO), un brazo de las Naciones Unidas.

El ILO clasifica trabajos forzados en tres categorías: 1) Económico, 2) Estado-Impuso y 3) Sexual.

1) la explotación Económica, que cuenta con el 64% del mundo, ocurre en su mayor parte en países menos desarrollado y tiende a afectar a los marginados, tal como las castas más bajas de India y el Pakistán y de las personas indígenas de Nepal o Brasil. Muchos de ellos son analfabetos y entienden poco acerca de sus derechos bajo la ley. De ahí, ellos son más probables de caer en la servidumbre si ellos deben dinero a empleadores o propietarios. La explotación económica persiste en los EE.UU., principalmente entre inmigrantes ilegales.

2) la explotación de Estado-Imposición, cuenta con el 20% del total del mundo de trabajos forzados. Uno de los casos más extremos de trabajos forzados viene de Myanmar (Birmania), donde el ejército puede requisar arbitrariamente el trabajo de aldeas enteras.

3) la explotación Sexual, cuenta con el 11% del total, pero en países de desarrollo industrial o en transición, se justifica alrededor del 50%. Muchos victimas son traficadas-eso significa que las víctimas son reclutadas, transportadas y vendidas. La caída delas barreras por la guerra fría tuvo como resultado un resurgimiento de esta práctica. Engañadas por promesas de matrimonio, dinero o trabajos legítimos, las mujeres, sobretodo de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Polonia son traficadas a Europa Occidental. En los EE.UU., los datos del Departamento de la Justicia sugieren que 15.000 jóvenes fugitivos son explotados sexualmente todos los años.

Los Trabajos forzados han sido un tema internacional que concierne, por lo menos desde que 1930, cuando el ILO, entonces bajo la Liga de Naciones, publicó su primera convención contra la práctica. Ahora la máxima prioridad es para los países miembros, el desarrollar leyes claras y comprometer recursos económicos para imponerlas.

Fuente: Revista “SCIENTIFIC  AMERICAN “, enero 2006

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